PREJUICIOS EDUCATIVOS

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Primer prejuicio: defender la excelencia o el mérito es minusvalorar la igualdad. Repetiremos un enunciado que sintetiza nuestra posición: igualdad de oportunidades no es lo mismo que igualdad de mérito. Hacer esta afirmación no supone decir que la igualdad de oportunidades no sea necesaria, lo es. El prejuicio consiste en esas posiciones apresuradas que solo escogen una parte del enunciado, una parte y no el todo. Un sistema debe recompensar a aquellos que hacen un buen trabajo, no igualar sistemáticamente aquello que no es igual. ¿Por qué? Porque no recompensa y no mejora al individuo ni al sistema.

Segundo prejuicio: defender la competencia evaluativa es no tener en cuenta los fines sociales de la educación. No conocemos ningún sistema social que haya mejorado sin competencia entre los componentes que lo estructuran. Evaluar no es fiscalizar, evaluar es reconocer los puntos fuertes y débiles de nuestras prácticas individuales y de grupo. El prejuicio consiste en afirmar que lo anterior es una crítica y un ataque a la educación pública. Es lo contrario: en una sociedad del conocimiento cualquier sistema implica una cultura evaluativa. Lo repetimos: no es el problema cultura de la evaluación sí o no, el verdadero debate es qué sistema de evaluación elegimos.

Tercer prejuicio: los principales factores de cambio educativo son las leyes educativas. Este prejuicio político y social tan extendido, se podría resumir de este modo: la promulgación y aplicación de una nueva ley educativa, es el principal factor de cambio para la mejora de los resultados educativos. Un espejismo de explicación por el siguiente argumento. Como indica la evidencia científica y de investigación, el principal factor de calidad educativa es quién da clase y cuál es su trabajo de aula: el quién y el qué. Hemos dicho el principal, matizando que hay otros factores importantes. La proliferación de legislación educativa en nuestro país tiene como consecuencia, lo que denominamos el síndrome lampedusa: que todo cambie, para que todo siga igual. Lo importante no se identifica o se obvia…

Cuarto prejuicio: la responsabilidad educativa nunca es del que la enuncia. En nuestra línea de contenido hemos analizado las dos estrategias principales para evadir nuestra responsabilidad concreta. Primera estrategia: la responsabilidad principal es del otro. Son los demás siempre quien son los culpables de la situación educativa: partidos políticos, profesores, padres, sindicatos,la tradición cultural…Segunda estrategia: la responsabilidad difusa. Se asume la responsabilidad, pero con un matiz: todos somos igualmente responsables. Consecuencia: nada cambia, ya que todos hemos sido los causantes del problema educativo. Dicho de otro modo: decir la sociedad es un universal vacío que no tiene ninguna consecuencia. Frente a lo anterior, reivindicamos la única responsabilidad realista, la responsabilidad concreta: es autocrítica y difícil, pero la única que empieza el verdadero cambio. La otra opción desemboca en una paradoja: los problemas educativos se construyen sin que nadie tenga responsabilidad directa.

vía PREJUICIOS EDUCATIVOS | INED21.

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