La Ignorancia Absoluta como artífice de la evolución

Viajo por el mundo dando charlas sobre Darwin,
y generalmente de lo que hablo
es de la extraña inversión de razonamiento de Darwin.
Ese título, esa frase, proviene de un crítico, uno de los primeros,
y este es un pasaje que adoro, y me gustaría leerlo para ustedes.

“En la teoría que nos presentan, La Ignorancia Absoluta es el artífice;
de modo que debemos enunciar como principio fundamental del sistema,
que, con el fin de crear un máquina perfecta y hermosa,
no es un requisito saber cómo hacerla.

Se encontrará, bajo cuidadoso examen, que esta proposición expresa
en forma condensada, el propósito esencial de La Teoría,
y para expresar en pocas palabras el mensaje del Sr. Darwin;
quien, por una extraña inversión de razonamiento,
parece creer que la Ignorancia Absoluta está plenamente calificada
para reemplazar a la Sabiduría Absoluta en los logros de la facultad creadora”
Exactamente. Exactamente. Y es una extraña inversión.

Un panfleto creacionista presenta esta maravillosa página:
“Prueba Dos:
¿Conoces algún edificio que no tuviera un constructor? Sí – No.
¿Conoces alguna pintura que no tuviera un pintor? Sí – No.
¿Conoces algún automóvil que no tuviese fabricante? Sí – No.
Si respondiste “SI” a alguna de las anteriores, provee detalles.”
¡Ajá! Es realmente una extraña inversión de razonamiento.

Uno creería que es razonable pensar
que un diseño requiere un diseñador inteligente.
Pero Darwin muestra que esto es falso.

Hoy, sin embargo, voy a hablar de otra extraña inversión de Darwin,
que es igual de confuso al inicio, pero de algún modo igual de importante
Es razonable pensar que amamos el chocolate porque es dulce.

Los chicos persiguen chicas porque son sexys.
Adoramos los bebés porque son lindos.
Y, por supuesto, nos divierten los chistes porque son graciosos.

Todo esto está al revés. Y Darwin nos muestra porqué.
Comencemos con lo dulce. Básicamente desarrollamos un detector de azúcar,
porque el azúcar contiene energía, y fuimos forzados a preferirla,
para decirlo crudamente, y es por eso que nos gusta el azúcar.
La miel es dulce porque nos gusta, no “nos gusta la miel porque es dulce.”
No hay nada intrínsecamente dulce en la miel.
Si miran moléculas de glucosa hasta quedar ciegos,
no podrán ver porqué saben dulce.
Tienen que mirar en nuestro cerebro para entender porqué son dulces.
Así que, si piensan que primero existió la dulzura,
y luego evolucionamos para tener gusto por ella,

lo están viendo al revés; están equivocados. Es lo contrario.
Lo dulce nació al evolucionar las conexiones cerebrales.
Y no hay nada intrínsecamente sexy en estas jóvenes.
Y es algo bueno que no lo haya, porque si lo hubiese,
la Madre Naturaleza tendría un problema;
¿Cómo hacer que los chimpancés encuentren pareja?
Podrían pensar, ah, una solución: alucinaciones.

Sería un modo de lograrlo, pero hay un modo más rápido.
Forzar a los chimpancés a que amen esa apariencia,
y aparentemente lo hacen.
Eso es todo lo que se necesita.
Por seis millones de años, nosotros y los chimpancés evolucionamos separados.
Nos volvimos lampiños. Extrañamente;
por una razón u otra, ellos no lo hicieron.

Si no lo hubiésemos hecho, esto podría ser la cumbre del erotismo.
Nuestra glotonería es una preferencia evolutiva e instintiva por la comida energética,
No fue diseñada para el pastel de chocolate.
El pastel de chocolate es un estímulo supranormal.
El término se lo debemos a Niko Tinbergen,
quien hizo su famoso experimento con gaviotas,
donde encontró que el punto naranja en el pico —
si hacía un punto más grande, más naranja
los pollitos de gaviota lo picarían con más ganas.

Era un hiper-estímulo para ellos, y lo adoraban.
Lo que vemos con, digamos, el pastel
es que es un estímulo supranormal para nuestras preferencias forzadas.
Y hay muchos estímulos supranormales; el pastel es uno.
Hay estímulos supranormales para el erotismo.

Incluso estímulo supranormal para lo lindo. He aquí un buen ejemplo.
Es importante que amemos los bebés, a pesar de, digamos, los pañales sucios.
De modo que los bebés obtengan nuestro afecto y nutrición, y lo hacen.
Y, a propósito, un estudio reciente muestra que las madres
prefieren el olor de los pañales sucios de su propio bebé.
Así que la naturaleza trabaja en muchos niveles aquí.
Pero, si los bebés no se vieran como se ven, si los bebés se vieran así,
eso es lo que nos parecería adorable, eso es lo que encontraríamos —
pensaríamos, oh precioso, cómo quiero abrazarlo.

Esta es una inversión extraña.

Finalmente, acerca de lo gracioso. Mi respuesta es, es la misma historia.
Esta es la difícil, la que no es obvia. Es por eso que la dejé para el final.
Y no podré decir mucho sobre ella.
Pero tienen que pensar evolutivamente, deben pensar, qué difícil trabajo,
es trabajo sucio, alguien tiene que hacerlo,
es tan importante que obtenemos una poderosa recompensa innata por él.
Creo que tengo la respuesta. Yo y algunos de mis colegas.
Es un sistema neuronal diseñado para recompensar al cerebro
por hacer un trabajo sucio.

Nuestro lema para este enfoque es
“Es el placer de la depuración de errores.”
No tendré tiempo de detallarlo todo,
pero diré que algunas clases de depuración obtienen recompensa.
Y lo que estamos haciendo es usar el humor como una sonda neurocientífica
encendiendo y apagando el humor, girando el interruptor en un chiste,
ahora no es gracioso… ahora es más gracioso…
ahora lo encendemos un poco más… ahora no es gracioso…
de esta manera, podemos aprender algo.

sobre la arquitectura del cerebro,
la arquitectura funcional del cerebro
Matthew Hurley es el principal autor de esto. Lo llamamos el Modelo Hurley.
Él es un científico computacional, Reginal Adams es psicólogo, y estoy yo.
y lo estamos juntando todo esto en un libro.

Muchas gracias.

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